REHABILITACIÓN DE VIVIENDA EN ENTORNO URBANO PROTEGIDO

Rehabilitación estructural y restauración de fachadas en vivienda unifamiliar.
Alhama de Murcia, octubre 2010.

Recibimos el encargo de la rehabilitación estructural y la restauración y adecuación de las fachadas y medianería vista de una vivienda unifamiliar situada en el casco antiguo de Alhama de Murcia, cuya construcción inicial databa de 1880, habiendo sufrido posteriores modificaciones. Es una vivienda tradicional con fachada principal a C/ Larga y patio posterior con postigo recayente a C/ Angosta, sensiblemente paralela a la anterior.


El conjunto de edificios de la calle Larga, situada en el entorno urbano de la Plaza Vieja, están incluidos en el Catálogo de Bienes y Espacios Protegidos del Municipio de Alhama de Murcia, perteneciente al PGMO de Alhama de Murcia, con grado de protección 3, que “permite adaptaciones o modificaciones con tal que conserve los elementos o partes esenciales. En estos elementos esenciales se incluyen siempre las fachadas como formas configuradoras del espacio urbano”.
La calle Larga, espacio urbano protegido, pertenece al trazado histórico del casco antiguo de Alhama de Murcia, conectando el tradicional Jardín de Los Mártires con la Plaza Vieja. La vivienda existente se sitúa muy próxima a la Casa de La Tercia, edificio protegido de grado 1, que data del siglo XVIII, en cuya fachada destaca el escudo del Marquesado de los Vélez, declarado Bien de Interés Cultural (B.I.C.)
Debido a la circunstancia de la protección del entorno urbano incluido en el Plan General, se incorporó al proyecto básico y de ejecución de la rehabilitación un estudio de las fachadas adyacentes a la vivienda, para asegurar la continuidad y el respeto por lo existente, con factores como la gama cromática de las fachadas, la rejería, carpinterías exteriores, etc.

La distribución de la vivienda responde a la tipología tradicional común en esta zona: planta baja de uso vivienda, y planta primera, dedicada a “cámaras”; además la escalera da acceso a un espacio bajo cubierta que estaría destinado a palomar. De construcción más reciente es un anexo a la vivienda situado en el patio, entre el corral o cuadra y la edificación principal. 
            
El interés arquitectónico de la edificación, dada su situación en el núcleo histórico del municipio, reside en su fachada principal, ya que responde a la tipología residencial habitual en esta zona: cuenta con cuatro ejes verticales de huecos, con recercos de yeso y rejas de hierro, además de la puerta de acceso de doble hoja. Los huecos de planta baja alcanzan la cota de la calle. La fachada tiene revestimiento de mortero de cal, con zócalo del mismo material y cornisa con moldura de yeso.


La construcción es originaria de finales del siglo XIX y hasta hoy ha sufrido varias intervenciones, aunque de poca envergadura y no muy numerosas, ni tampoco referidas al ámbito estructural.
La estructura existente en el edificio consistía en muros de carga de mampostería, forjados de colañas de madera y entramado de cañizo y cubierta sobre vigas de madera, con pendiente a dos aguas y acabado de teja de cañón.
El elemento con mayor deterioro era la cubierta inclinada a dos aguas con cubrición de teja árabe. Resultaba evidente el mal estado en que se encontraban las vigas de madera que la soportaban, con flechas importantes; algunas de ellas, incluso, habían llegado al colapso, rompiéndose aproximadamente en su punto medio. 



En la cubierta, además, era grave el problema de filtraciones por agua de lluvia: existían numerosas tejas rotas o inexistentes a lo que se añadía el que se soportaran sobre un  tablero de cubierta realizado a la manera tradicional con entramado de cañizo en muy mal estado. Todo ello provocaba grave riesgo de hundimiento parcial o total de la cubierta, como finalmente ocurrió.
Tras la redacción del proyecto, durante la revisión del mismo por parte de la oficina técnica del ayuntamiento para otorgar la licencia de obras, unas importantes lluvias provocaron el hundimiento de parte de la cubierta y la rotura de un tramo del alero, lo que suponía que las obras debían acometerse en un breve plazo de tiempo y con unas condiciones de seguridad todavía más estrictas y fijadas por este nuevo condicionante.

Los forjados de planta primera, situados a diferentes cotas sobre la planta baja también tenían un comportamiento estructural deficitario: vibraciones, flechas importantes en centro de vano, vigas de madera deterioradas e incluso rotas.
La escalera estaba realizada a montacaballo, con tablero de rasilla cerámica. Su peldañeado era irregular, tanto en las dimensiones de la tabica como las de la huella.
Los muros de carga, en sus zonas inferiores, sobre todo los recayentes a ambas fachadas presentaban grave deterioro por humedad.
La fachadas y medianeras se encontraban en muy mal estado de conservación, con un envejecimiento muy acusado del recubrimiento y en ciertas molduras y recercos de huecos. En algunos puntos se observaban cuarteados, desconchados, e incluso desprendimientos del revestimiento hasta dejar a la vista la mampostería del muro en ciertas zonas localizadas. También era importante la presencia de humedad, con manchas y eflorescencias, sobre todo en la parte baja de la fachada en contacto con el terreno.
El deterioro de la carpintería de madera era muy acusado. Asimismo, la cerrajería presentaba signos evidentes de oxidación.
Como elementos distorsionantes en la fachada destacaban el cableado eléctrico y los alféizares de terrazo, que debieron ser repuestos sobre los originales.
En posesión de todos los permisos y seguros preceptivos, se acometió el derribo y desescombro de la cubierta y los forjados, de modo selectivo y escalonado, en pro de la seguridad estructural y de las personas.

Se sustituyeron las vigas de madera existentes por otras de hormigón autorresistentes empotradas en los muros 10-12 cm. Se colocaron bovedillas cerámicas curvas como pieza de entrevigado, ya que tenían vocación de quedar vistas en el interior. Se ejecutó un forjado de hormigón con su correspondiente armadura y espesor adecuado.

                      


La construcción de la nueva cubierta siguió los mismos parámetros utilizados para el forjado intermedio, construyendo además un zuncho de hormigón armado perimetral sobre los muros de carga existentes, que actúa como encadenado y arriostramiento de la estructura. 
                   
                     

Para evitar problemas de estanqueidad y aislamiento, se colocó una lámina impermeable y capa de aislamiento térmico bajo la teja curva.
Lógicamente, se construyó un nuevo alero de ladrillo cerámico para revestir.



También se ejecutó una nueva losa de escalera de hormigón armado, en dos tramos, de 17 cm de espesor, previa colocación de armaduras de anclaje en forjado y cimentación.  
                    
                               

Después de la reparación de toda la estructura horizontal y la ejecución del nuevo tejado, se acometió la restauración de las fachadas y medianeras. Para ello se hizo un estudio pormenorizado de las patologías y deficiencias presentes en la misma:

Reparación de grietas y fisuras; picado del revestimiento existente; reposición del mismo con tres capas de mortero de cal y arena con pigmentos de color; consolidación y reparación del alero y molduras y recercos de los huecos; ejecución de zócalo con piedra natural; reposición de vierteaguas de piedra natural y carpintería de madera de pino, sobre precercos y con acristalamiento adecuado; restauración de puerta principal de madera; restauración de rejería in situ.






El resultado de la intervención fue muy satisfactorio tanto para el promotor, como para la Administración, la empresa constructora (que trabajó de modo ejemplar) y para nosotros como responsables técnicos.

2 comentarios:

  1. Buenas tardes,
    Enhorabuena por el artículo, me ha parecido muy interesante. Pero tengo una duda sobre la actuación. ¿Cómo han calculado la resistencia de los muros existentes, si no tienen datos de la resistencia de las piezas y del mortero de agarre?
    Un saludo,
    Miquel Nacher

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    1. Buenos días, Miquel. Gracias por tu comentario.
      Te indico que en esta rehabilitación no consideramos necesario ensayos sobre los muros existentes sino un cálculo muy somero ya que, a pesar de que el revestimiento de los mismos estaba muy deteriorado, no ocurría igual con el propio muro.

      Al eliminar los materiales superficiales nos dimos cuenta de que tanto la piedra como la argamasa de unión se encontraban en perfecto estado.

      Al mantener la altura de la edificación, no verificamos otro cumplimiento que el determinado en la Normas Técnicas Complementarias (NTC) para Diseño y Construcción de Estructuras de Mampostería, art. 8.3 "Mampostería de piedras naturales" suponiendo el caso más desfavorable de resistencia para el espesor mínimo de muro que nos encontramos.

      El razonamiento que nos planteamos en estos casos es siempre el mismo: si un muro se ha mantenido inalterable durante x años (más de 100 años en la casa de la Calle Larga) y presenta intactas sus capacidades portantes ¿es necesario reforzarlo si no presenta daños evidentes (materiales disgregados, fisuras o grietas, falta de elementos resitentes-piedra...)?

      Esperamos haberte ayudado.
      Un saludo

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